jueves, 15 de julio de 2010

Ambulantes -ancianos- de la calle

Siempre que he conversado con personas que llegan de otros países, o incluso yo mismo, que he tenido la suerte de poder salir al extranjero; han notado que la primera impresión o “dato curioso” que reciben es la de ver ancianos o sobre todo a niños, caminando por la calle a altas horas de la noche, vendiendo cosas, principalmente en los cruces de las avenidas con semáforos. Eso, para nosotros los nacionales pasa a ser algo, que no debería de ser, de todos los días y por lo mismo, ya nos encontramos acostumbrados a comprarles, a decirles que no o por último, algo que yo nunca me atrevo hacer, a ignorarlos por completo, ni sí ni no. Pero a lo que no estamos acostumbrados por completo, es que nos deseen la muerte ante una negativa!

Iba caminado, hundido en lo que tenía que hacer, y de pronto escucho que me pasan la voz: “Joven, joven! ayúdeme por favor”,debido a que no había ningún otro “joven” alrededor, obviamente se dirigía a mí. Miré y era una señora de edad, una mujer no muy anciana que me empezó a hacer un gesto con la palma de la mano y frotándose los dedos índice y pulgar, o sea, quería dinero. Hubo algo en la manera de pedírmelo que mentí diciéndole que no tenía, que me disculpara pero estaba apurado -que lance la primera piedra aquel que no lo ha hecho alguna vez!-. Entonces, empecé a alejarme de ella, al darle la espalda escuché un “malo!”, la miré extrañado sobre el hombro y enseguida soltó: “ojalá te mueras apurado!”. Mierda.

Desde cuándo uno tiene que asumir los costos de vida de las otras personas, si desde ya estamos cada uno de nosotros envueltos en deudas y costos de los cuales el sueldo de la gran mayoría de nosotros no llega siquiera a sobrar como para darnos el lujo de departir sin más. Por ahí siempre escuchaba un condicionante: Ayuda a tu prójimo. Implica dar dinero todos los días? No pues, no. No te pases. Por medio de las instituciones nosotros, como ciudadanos, aportamos para que haya una “distribución de la riqueza social” para los más necesitados, y no es que cada uno de nosotros aportemos individualmente a cada persona “necesitada” todos los días.

 

 

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