lunes, 12 de julio de 2010

Cuán diferentes somos?

Se han dado cuenta de que, ante la necesidad de querer compartir algo nuestro con los demás –familia, amigos, etc.-, muchas veces terminamos afirmando y “reconociendo” que para que nos entiendan, éstos deben estar en nuestros zapatos, en nuestro lugar; de lo contrario, no nos entenderán y mucho menos nos otorgarán una respuesta que pueda –siquiera- satisfacer en lo más mínimo nuestra sedienta angustia y “complejo” problema. Entonces, para qué carajos sentimos aquella necesidad –capricho- de ser escuchados?

Cada situación es distinta. Cada persona es distinta. Cierto, entonces estamos en los mismos zapatos. Jodido. En qué punto convergen? pues, cuando piensan igual respecto a algo y/o nos dan la razón, complementan. Obvio. Cuando ven que la idea es semejante a la propia. Cuando una de ellas considera un tema que no habíamos visto en nuestra complicada trama, la cual nos inclina al primer punto: pensar igual. Etc. Sin embargo, cuando la opinión es totalmente contraria a lo que creemos, pues ya no hay para más, cagan fuera del water, a menos que fallezca lo pasional y lo racional respire –ya sea por su propio peso o ante tanta, pero tanta, insistencia-.

Entonces, para ponernos de acuerdo, las ideas armonizarán cuando estemos convencidos que así son como son. Que no hay más que la conclusión que estamos compartiendo, sea tal cual. Difícil. Tiempo, dónde estás?

 

 

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