martes, 28 de septiembre de 2010

Cuando la tecnología no(s) sirve.

Ahora que la “tecnología” es parte incondicional e imprescindible de nuestros días, más difícil -imposible- se nos hace separarnos de ella. Yo en particular, utilizo muchísimo más mi correo electrónico que mi teléfono celular, tanto por un tema de mayor contenido, como ahorro y celeridad. Salvo emergencias.

Felizmente dentro del centro de estudios donde estoy, se ha considerado notablemente este tema de las comunicaciones y la conexión a internet; de forma que es relativamente viable encontrar puntos de “conexión”. Entonces la “gentita” tiene la dicha de poder “conectarse” y estar al corriente de sus cosas en tiempo real. Bacán por un lado, porque te brinda todas las ventajas que ya todos conocemos, pero… claro, qué pasa cuándo la utilización de esta “ventaja” se posiciona en nuestra contra? Sí. La adicción, la dependencia total, el uso abusivo -irresponsable- de ellas?

 

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martes, 21 de septiembre de 2010

Algo sucio.

Días de frío, impredecibles; bulliciosas y escandalosas campañas electorales; "poto audios", y demás.


Todos, todas, intolerables. Las campañas interrumpen el silencio; el frío expectora sujetos, como el que se encuentra sentado a mi lado, que aspira y deja deslizar el liquido mucoso de su nariz sin siquiera dar señales de la voluntad de querer "sonársela" de una puta buena vez.


Tal vez la intolerancia de algunos de nosotros y falta de empatía de otros, hacen cada vez más difícil la armonía y viabilidad de un desarrollo social continuo. Lo cual es un complejísimo problema, ya que la empatía se va generando en la medida que sientes como tuyo la posición o situación del otro y te ves reflejado en ella.  Entonces, lo lógico será preguntarse si es que en verdad me incomodaría, gustaría, beneficiaría, dañaría hacer algo que no me gustaría que me hagan.


En fin, mientras que seguimos esperando que el otro tome la iniciativa de ir a limpiarse la nariz, nosotros seguiremos sin ofrecer un pañuelo.











domingo, 12 de septiembre de 2010

Una vida de títulos, clichés conyugales

Cuando uno es chico, niño, los títulos (entiéndase categoría, posición, situación, conyugal) de las personas les son indiferentes. Una mujer mayor siempre le será una “señora”, lo mismo con los “señores”, los “jóvenes”, “novios”, etc. Sin embargo, cuando creces cada cosa va teniendo sentido y su lugar -y no-.

Cuando pasas la adolescencia, y le dices a la una tipa que “te vacila y quieres con ella”, si te acepta entonces tendrás el título de ser su “enamorado”. Luego, si todo marcha bien, pueden ocurrir varias cosas: la primera es que quieras formalizar la relación y pedirle que se case contigo, para ello irás con tus viejos a hablar con los de ella y hacer la respectiva “pedida de mano”, lo que tu vieja llamaría: formalizar tu matrimonio; a partir de ese momento, si los viejos aceptan, pasarás al siguiente level que será ser su “novio”. La segunda, es que formalices tácitamente la relación y empiecen a vivir juntos, lo que te llevaría a ser conocido como “su pareja” (la gente mayor les dice: “su marinovio”). Lo tercero, es que si tienen hijos sin haberse casado entonces pasarías directamente a ser su “marido”. o el “papá de sus hijos”, ésto último lo usan mayormente las “parejas” que se han separado.

Por otro lado, si llegas a casarte, entonces serás el “esposo”, ésto se usará durante el resto de tu matrimonio; sin embargo, el título de “marido” recién se empezará a usar cuando tengas relaciones sexuales con tu pareja, este título se alterna de vez en cuando con el de esposo, sin que la gente haga mayor caso. Luego si la mujer nunca se casa, nunca será “señora” sino que conservará el grado de “señorita”. Y si el hombre no se casa? (…).