domingo, 24 de noviembre de 2013

Cuando quieres ser

Desde los inicios de nuestra vida, siempre se nos ha hablado de seguir “modelos”; aquellas personas, o modelos, que significan para nosotros una pauta, o ruta a seguir para realizar aquello que queremos ser.

Desde pequeños(as), muchas veces por jugar, los adultos nos preguntan qué queremos ser de grandes; siempre mencionamos una idea, y casi siempre le agregamos un “como…”. Quiero ser abogado como tal persona, quiero ser escritor como tal persona, quiero ser cocinero y ser como tal persona, quiero tener mi banda de rock como tal grupo, etc.

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Conforme va pasando el tiempo, y la llegamos a la adolescencia, va despertando en nosotros un sentido de identidad fuertísima. Marcamos nuestra condición de persona frente a los demás identificando algo en nosotros que nos lleve a ser diferentes al resto. Me ha pasado que he recurrido a averiguar los orígenes de mi familia, además el significado de mis apellidos e incluso procedencia y demás; no contento con ello, ya que toma mucho tiempo, buscamos un estilo de actuar y vestir, es aquí donde nos vemos inmersos en grupos de amigos que escucha determinada música, o que practica algún deporte –se me vienen a la cabezas mis épocas de skateboarding, y sobretodo el karate-.

Luego, ya en la universidad –o antes-, comienza a gustarte el jugueteo con el sexo opuesto, y porqué no, a admirar –hormonalmente idiota- aquello que por naturaleza les queda perfecto. Redefines tu estilo e intentas acomodarte conforme has ido desarrollando: tu esencia. Cogemos las manías del grupo de amigos, aprendemos los tips del profesor, tomamos el corte de cabello de algún actor favorito, etc. Los mentores o modelos a seguir, como vemos, van cambiando. Siempre bajo una motivación.

Por último, nos comenzamos a dar cuenta que a lo largo de nuestra vida han aparecido muchas personas que se han ido, pero que han dejado algo en nosotros: modos de pensar, de hacer las cosas, de vestir, de trabajar, etc. A veces, sin querer, terminamos pareciéndonos. Sea para bien o para mal. Total, imitar no es malo, siempre y cuando logremos desarrollar aquello que nos beneficiará en nuestra calidad de persona.

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@diegoganoza

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