lunes, 2 de diciembre de 2013

Cuidando al perrito de la casa

Siempre he dicho que no soy de tener, mucho menos cuidar, una mascota. Ya hace bastante tiempo dejé de tener una. Pero hoy me encuentro cuidando y sosteniendo a una. Un perro al que le pusimos Gastón. Irónico es que el nombre salió de mi boca.

Ayer quise limpiar su “lugar en la casa”, pero no pude; corría y jugaba con mi pierna sin descansar. Resultaba imposible mantener limpio lo ya avanzado. Tenía que apurarme porque el sol estaba en plena condición para bañar a Gastón. Además de avanzar con mis cosas.

El tiempo era injusto conmigo, así que se me vino a la cabeza ¿por qué no llevarlo a bañar? Al paso que regresaba de mi trabajo, por la tarde, pasé por la veterinaria y pregunté el precio. Estaba excelente. Así que lo llevé.

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Cuando fui a dejarlo no se sintió mal ni nada, porque él es feliz con la gente que le hace “cariñito”. Resuelve los problemas tirándose al piso boca arriba y recogiendo sus patitas (#sofuckingcute). Lo dejé y luego de un par de horas regresé y me lo entregaron.

Le habían puesto un lazo azul y olía a limpio. Lo senté en el asiento de al lado, y durante el camino se sentó y estuvo tranquilo. Lo miraba y parecía que supiera que todo en la vida estaba bien.

Lo llevaré más seguido.

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@diegoganoza

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