jueves, 14 de agosto de 2014

COMBI LLENA



Ya estaba pronto a bajar y el micro como suele pasarme muy seguido, se había llenado de gente un par de paraderos antes de llegar a la mía. Estaba sentado al fondo, en la última fila de asientos, y la única puerta que había era la de adelante, al lado del chofer. Había salido de la academia en la que me preparaba para la universidad y llevaba muchas cosas en mi mochila.

Me había tomado muy en serio los estudios y me dedicaba 25 horas al día a estudiar y a darle con mucho esfuerzo a un sueño irrenunciable para mí en esta parte de mi vida. Ya era costumbre llevar todos los días en mi mochila un par de libros llenos de preguntas de examen de admisión y algunos otros de teoría. A ello le sumo el taper de comida y la botella del refresco.

Entonces, como ya podrán suponer, llegar hasta la puerta de salida no iba a ser una tarea para nada fácil. Lo primero que hago siempre es poner la mochila adelante, y cubrir la parte del cierre más grande con una mano. Trato de presionarla hacia mí para ajustar el bulto y poder pasar con más ligereza entre las personas. 

Pido permiso, la señora que estaba hacia la esquina se apresura a mi encuentro y se prepara a sentarse en el lugar que estaba. La entiendo bien pues el señor de la lado ya estaba con los ojos puestos en el asiento. Cuando pasa esto, se la pongo difícil a los varones y me voy hacia ellos, facilitando el camino a las damas. 

Una vez la señora se sienta satisfecha, yo sigo avanzando, levantando el pie tan alto como pueda para no rozar tobillos o caer sobre el pie de alguna otra persona. El pasamanos no ayuda en nada en ese momento, también lleno. Con una sola mano para mantenerme y sobrellevar el equilibrio término por llegar a la mitad del camino. 

Ante una brusca frenada, termino detrás de una chica. Ya Uds. Tendrán la imagen en sus cabezas: ella también llevaba sus cosas adelante y al parecer trabajaba en algún Banco de la zona, lo sigo por el ajustado pantalón sastre que le quedaba muy bien. 

En seguida cojo fuerza y paso de ella con dificultad. El cobrador me ve y me indica que pague el pasaje con sencillo. Mientras que un par de señoras que no usaron desodorante durante ese día, se voltean a mirarme y a tratar de darme espacio para pasar. La lado de ellos un señora que lleva la cesta del mercado no deja de conversar con su amigas sentada al frente de ella. 

El pasillo de angosta al llegar a la puerta delantera. La gente cuando sube no tiene la intención de avanzar mucho, así que la conglomeración en esa zona es de lo peor. Hago una pausa en mi avance y me sostengo sobre mis pies para que la mano desocupada trata de llegar al bolsillo secreto de mi pantalón para sacar el sencillo para pagar el pasaje. 

Nunca tengo suerte para sacar cosas de algún sitio, un ejemplo clásico: las monedas. Cuando tengo sólo dos monedas en el bolsillo, termino sacando la que no necesito. Siempre. Y esta vez no fue la excepción. Por lo que me demoré aún más en llegar ya que tenía que volver a sacar la moneda correcta. 


Paso mi brazo sobre tres personas que están delante mío y que también se alistan a salir, le aviso al cobrador que se cobré mi pasaje, sin embargo no me escucha y debo acercarme más. Pido más permisos para pasar y a continuación llego a la puerta. Ya sin aire termino de pagar y me dejan en el siguiente paradero ya que no había espacio suficiente para que se cuadre y las personas puedan bajar. 

--
@diegoganoza

No hay comentarios: