sábado, 9 de agosto de 2014

LAS FOTOS Y EL TIEMPO


De pronto, miré a través del lente de la cámara que me habían dado, era de mi tía y habiendo estado sentado mucho rato, según ella, me la dio para que le ayudara con las fotos. Apunté a mis pequeños sobrinos a través del pequeño lente. Todos en fila y sonrientes detrás de la mesa donde estaba la torta del cumpleañero, me quedé pensando en lo grandes que estaban y se les veía, mientras terminaba de regular el enfoque para que quedara ese preciso momento para la eternidad.

Una vez le dije a mi papá que por qué no teníamos una cámara en casa. Sí que había una, de color negra, delgada y angosta; pero era de las antiguas, de esas que le colocas el rollo Kodak, y rezas para que las fotos no se quemen con el revelado. Eran aquellos tiempos donde de tanto en tanto sacabas dos fotos por si acaso. Claramente, mi papá se dio cuenta del sentido de la pregunta, y me respondió que sí, que también había pensado de cambiar la cámara, aunque en un tono dubitativo. No me sorprendió, mi papá siempre ha sido de las personas que se piensa las cosas dos veces, y si tiene tiempo: tres o más. 

Era fácil saber que la foto que resultara iba a ser preciosa. No sólo porque yo era el fotógrafo, obviamente; sino porque esos momentos en los que tienes a la familia tan cerca y el ambiente tan bendecido de cariño, la belleza es un matiz de raíz. Veo a mis sobrinos parados al frente y acomodándose para la mejor imagen, y pienso en mis primos, sus padres/madres; recuerdo cuando los vi en las barrigas de sus madres, y cuando eran muy pequeños. Es inevitable sonreír.

El tono dubitativo de mi papá me hizo entender que era porque posiblemente era un tema de precio de por medio, o porque la que teníamos aún funcionaba. Y si funciona, entiéndase: cumple con sus funciones básicas, entonces no es necesario comprar una más. Siempre pienso que debí insistir, pero quizá es debido a mi falta de interés por la fotografía que lo dejé ahí, además porque tenía siete años.

Presioné el botón y el momento quedó. Miré la pantalla de la cámara. Quedé conforme. Siempre me han gustado las fotos sin flash. Al natural. Levanto la vista y miro a mi tía comunicándole mi aprobación. Ha sido una bonita foto. Veo que la mesa de la torta va quedándose vacía y mientras apago la cámara me pregunto sobre cuánto tiempo pasará para una siguiente foto con los mismos integrantes, o más.

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