domingo, 24 de agosto de 2014

NOCHE DE CACERÍA


Aquella noche, estaba en una discoteca-bar con un amigo mío. Teníamos 20 años y toda la juventud por delante, por ello habíamos decidido internarnos, en la noche de sábado, a la vida de luces y licor de Barranco. Habíamos ido a un Bar, y con la compra de un vaso de cerveza, ya casi no teníamos dinero suficiente para regresar a casa; así que debíamos aprovechar cada instante, oportunidad, que se presentara durante la noche: sobretodo conocer chicas.

De pronto las teníamos delante nuestro. Eran dos chicas muy simpáticas, “Yo la del escote y tú la de la mini” le dije. Ambas conversaban muy alegremente entre ellas, habíamos estudiado el entorno y al parecer estaban solas. A primera vista, ambos sabíamos que eran mucho mayores que nosotros, pero sin embargo decidimos desplegar nuestras estrategias sobre ellas. 

Sentados en nuestra mesa, con vaso de cerveza fría en mano, tratábamos de hacer contacto visual de alguna forma, no lo lográbamos. Era desesperante, se pasaban los minutos, y sabíamos bien que cada minuto perdido era un minuto de oportunidad para otros Alfas que rondaban alrededor. La única oportunidad que nos quedaba era invitarlas a bailar, sin embargo aún era temprano y en la pista de baile casi no había ningún alma; ello reforzaba la idea del rechazo inmediato.

Recuerdo que la última vez que le hablé a una chica de la nada, fue a través de una apuesta; había estado conversando durante varias tardes con un grupo de amigos acerca de una chica que había entrado a la Academia, y que coincidíamos todos en que era una de las más bonitas del aula. Nadie sabía cómo se llamaba o algún tipo de información adicional. Entonces decidieron hacer una apuesta: quien lograra hablarle y preguntarle cosas, iba a ganar una considerable cantidad de dinero reunido entre todos. Juntamos el dinero y se lo dimos al que ya tenía novia dentro del grupo.

Casi terminando nuestras cervezas, mi amigo se levanta de la mesa y me suelta un: “a la mierda, ahí voy. Si se da, se da”. No me gustaba su determinación. Sabía bien que era un momento inoportuno pues una de ellas, ya estaba mirando a un fulano en la otra esquina del Bar. Sin embargo, no dije nada. Mi amigo comenzó a caminar hacia ellas, con todas las fuerzas de sacar una conversación de buenas a primeras. Tomé un sorbo de cerveza y cuando me di cuenta, se había dirigido al baño. “Maricón” dije sonriendo.

Como a los de mi grupo, me gustaba la nueva chica del aula, y a medida que pasaban los días, más me llamaba la atención. Así que decidí acercarme. Era hora de salida, y todos estaban reunidos en el patio, hablando y despidiéndose. Ella estaba con sus amigas haciendo lo mismo. Cuando vi que se separó del grupo, fui por detrás y ante un respiro profundo solté un “Hola”. Ella voltio y me miró, respondió el Hola con una sonrisa, y enseguida quedó esperando. Me había preocupado tanto en el Hola, que no sabía qué seguía luego. Llené de látigos mis pensamientos y enseguida, entre sonrisas nerviosas, surgió un “Hola. Disculpa que te incomode, pero me gustaría saber cómo te llamas… Es que me pareces una chica interesante y quería preguntarte. Sólo eso”. Mientras mi boca soltaba palabras, mi cerebro no dejaba de repetirme fuertemente un interminable “eresunimbecileresunimbecil”. 

Ella, sonriendo me soltó su nombre. Me preguntó el mío y fueron unos 5 minutos muy bonitos. Borracho de lujuria y de indecisiones propias de un chico de 17, terminé la conversación con un “Bueno, gracias ha sido un placer poder saludarte”. Al día siguiente se lo conté al grupo. No me creyeron. Así que tuve que demostrárselos. Al temirnar el día, antes de irnos, me acerqué nuevamente y la saludé, aún vacilante le pregunté acerca de su día y cómo le estaba yendo con los cursos. Luego de 5 minutos, una de sus amigas la llamó desde lejos y se disculpó pues tenía que irse. Le dije que no había ningún problema. Me sentía ganador, terminé con un "nos vemos mañana". Como consecuencia, el grupo terminó pagándome la apuesta. Ese día había sido el último día de clases. 

Cuando mi amigo regresó del baño, le dije que teníamos que continuar la noche, pues ambas chicas ya habían caído ante una entretenida conversa con otros dos fulanos, mucho mayores en apariencia y con más dinero que nosotros. Secamos el vaso, y enseguida salimos del local rumbo a una noche que recién comenzaba.

@diegoganoza

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