miércoles, 13 de agosto de 2014

SKATE Y YO

Le había cogido cariño a este restaurante. Queda muy cerca del trabajo y te dan refresco gratis con el menú del día. Ese día había tallarines verdes con bistecs de carne como plato de fondo y de entrada un bien montada papa a la huancaína. Sin lugar a dudas, uno de mis menús favoritos de la vida. 

Aquella tarde pasaba por la televisión el campeonato X Games de Skateboarding profesional. Archiconocido en mi adolescencia. De tanto en tanto veía con mi hermano el campeonato para luego salir con mis primos y amigos a montar Skate a la Alameda del distrito. 

Mientras la joven camarera se me acerca y pregunta qué voy a pedir, observo que la transmisión del campeonato no ha cambiado en casi nada: tomas panorámicas, buena música, y gran afluencia de público. Quizá algún que otro protagonista nuevo en la escena del Skate. Pido lo que ya suponen.

Una tarde, uno de mis primos vino y nos dijo al grupo que un próximo domingo se haría un campeonato de Skate en Miraflores y que iba a estar demasiado bueno. Nos mostró el folleto y decidimos ir. Para nuestra edad, en ese momento, salir para una expedición de esas, era toda una aventura; no sólo porque saldríamos sin los padres, sino que además saldríamos hacia algo que nos gusta y divierte. 

El primer plato -la entrada- no tarda en llegar. Como la última vez que vine a comer, se ve buenaso. Limpio el tenedor y cuchillo con la servilleta antes de comenzar a comer, mientras en la televisión anuncian un corte comercial. Mejor, eso me permite concentrar mi entusiasmo por el almuerzo del día. 

Llegó aquel domingo, satisfechos con los méritos y encargos que habíamos hecho durante la semana a nuestros padres para que nos dieran el respectivo permiso, habíamos quedado temprano en el paradero. El campeonato miraflorino era de entrada gratis y se haría en un parque de la zona. Supusimos que habrían mucha gente y que lo mejor era llegar sobre la hora para coger buenos sitios. 

Tras bajar del bus, cogimos una de las calles principales para ubicarnos mejor. Salimos en una de las calles y dimos con el parque. Tal como habíamos supuesto, había buena cantidad de gente. De las cosas que más me entusiasmaron en ese momento era ver a todos con un Skate en la mano. Estaba acostumbrado a vernos sólo a nosotros 6-7 en la Alameda que ver a mucha más gente me entusiasmaba. 

El campeonato había comenzado y en seguida fuimos a ubicarnos. Felizmente las categorías eran estilo calle, así que los saltos y maniobras serían hechas a partir de las zonas del mismo parque; es decir, no había rampas armadas y/o escenarios de por medio. 

Una vez acabada la papa la huancaína, el plato de fondo no estuvo para nada mal. De refresco toco ese día una jarra de maracuyá, lo cual cerraba con broche de oro el almuerzo del día. 


Aquella tarde con el Skate en los pies, aprovechamos el emoción y adrenalina del momento para aprender y practicar aún más las maniobras que no nos salía en la Alameda. Hicimos algunos amigos y sobretodo nos inspiramos a seguir con el entonces deporte callejero. 

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