sábado, 18 de junio de 2016

COMO UN PERRO



- Ya. Entonces ¿vas a ir? Anda pues. Ya te puse en la lista -. Me dijo sonriendo.

Estaba pensando en lo genial que se veían sus ojos con el resplandor de la luz amarilla del faro de al lado. Y más con el cabello caído que llevaba para alejarse del estrés de lo que quedaba del día. Era una noche de invierno en Lima. De mis favoritas. Salí de mi penúltima clase, a tomar un café, excusa perfecta para ver si me la cruzaba en el patio. Ahí estaba, conversando con sus amigas. Sí, me funcionó.

- Ya. Sí, voy a ir. Iré con un amigo -. Le dije entre el sorbo del café y una sonrisa nerviosa.

Ella estaba vestida de negro, con camisa blanca. Sabía que le había tocado trabajar ese día. Me alegró verla. Me encantaba que jalara las mangas de la chompa por el frío, para cubrir a medias sus manos. Aquellas que me sujetaban los brazos para pedir que vaya a la fiesta por su cumpleaños. A una discoteca barranquina. Muy de moda entre los jóvenes noventeros, según me enteré después.


***
Dos meses antes había entrado a su aula con el profesor -amigo mío en ese momento por circunstancias que ameritan un relato aparte, y de los buenos-. Estaba ayudándole con el material para el dictado de la clase del día. Una vez terminé de entregar las copias de las diapositivas y las lecturas, me senté en la mesa de al fondo. 

Ella ingresó al aula junto a un grupo de chicas que habían ido al baño, según dijeron para que el profesor las deje entrar. Ella se sentó a mi lado y cogió la mochila gris que estaba a mi lado para sacar sus cosas. Me vio, sonreí y le entregué los materiales. Me miró, agradeció, voltio la vista a la pizarra y cruzó las piernas. 


***
- Ya pues oe, no seas huevón ¡Vamos! Acompáñame -. Le supliqué a mi amigo.
- Oe, que no. Además estoy misio. Ya me gasté lo último que tenía de mi paga del mes -. Me dijo resignado.
- Pero si no vas a pagar nada. Te invitaré la chela -. Le dije. 
- ¿Tiene amigas que están buenas, no? -.
- Sí, te presentaré a un par, ya te lo dije -.
- Ptmr. Ya pues ya. Vamos -. Finalmente accedió. 

Aquel día pasó tremendamente rápido. Entre el trabajo y las clases, no hubo tiempo ni para pensar en el outfit de la noche. Elegí lo clásico: colores sobrios, un jean azul oscuro, zapatillas negras y una camisa. Pasadas las 11:00 pm, saqué lo ahorrado de la semana, y nos fuimos a Barranco. En combi.

- Oe, de verdad sus amigas están buenas, ¿no? -. Me reclamó.
- Que sí. Bueno, hay una que tiene un buen trasero y casi nada arriba. La otra está mejor proporcionada, pero es bonita de cara. Ya las verás. Conociendo tus gustos, te gustará la primera. Aunque tendrás que romper el hielo. No habla mucho -. Le conté.
- Ah ya. Mira que no quiero perder mi tiempo ah -.
- Jaja! Oe huevón, qué tanto me reclamas. ¿No te has visto en el espejo, no? Fácil me dicen: ¿Y quién es este mostro de mierda? Jaja! -. Le dije.
- ¡Calla monsesaso! Vas a ver. Me voy a llevar a las dos y a tu amiga y tú nada de nada -. Me respondió. 


***
Dios. Qué bien caía la falda de sus piernas. Era imposible poner atención a la clase a partir de ese momento. Sentía que de rato en rato me miraba de reojo. Cuando derepente coincidimos. Nos quedamos mirando una eternidad que duró 2 segundos. Lo único que pude atinar a hacer es levantar las cejas y sonreir. Ella hizo lo mismo. Se me acercó y murmuró:

- ¿Tú eres algo del profe? -. Me dijo en voz baja.
- Soy su amigo, le estoy ayudando en esta clase en particular -. Le respondí, también en voz baja, a sabiendas que estaba haciendo lo prohibido: hablar o conversar en plena clase. Sin embargo, en ese momento me pareció la norma más estúpida del mundo.
- Ahh. Pensé que eras su hijo -. Me soltó.
- Jaja! -. Grité. Sí, todo el aula escuchó mi risa. Tuve que disculparme y salir del aula. Con mucha, mucha vergüenza.

Esa tarde no pude regresar a clase. Me fui por un café y a sentarme en una banca del patio. A los minutos vi desde abajo cómo salían todos al intermedio. Mi amigo, el profesor, se me acercó sonriendo. 

- ¿Qué pasó? -. Me preguntó.
- Nada, perdóname. Ella me dijo que pensaba que yo era tu hijo, y me hizo mucha gracia. Fue repentino -. Le dije. 
- No te preocupes. Sólo ten cuidado con esa chica. No es que sea mala, sino que la he visto con otros chicos, y no sería justo que te lleves un mal momento. No sé si me entiendes -.
- Sí, te entiendo. Gracias. Lo sé, es simpática. Pero no creo que pase algo más.- Le dije. 

Pero sí pasó.


***
- ¿Dónde queda esa discoteca? -. Pregunté.
- Oe huevón, ¿No conoces? Si está de moda. La people nice, viene aquí. Es el point del momento -. Me dijo.
- Puta. Discúlpame pues, co-no-ce-dor -. Le contesté.
- Aquí es. Esta casona. Hay cola, conchasumare -. Renegó.
- Ella me dijo que no la haga. Que por estar en lista, diera mi nombre en la entrada y pasara. Una vaina así -. Le dije. 

Dicho y hecho. Di mi nombre. Le dije a la señora de la entrada que éramos 2. Y nos dejaron pasar al instante. Entramos a lo que sería el salón principal de la gran casa. Cual cachimbo en su primer día de clases en la universidad, me quedé atontado por los distintos ambientes que habían dentro. Ambientes que desde afuera eran imposible adivinar que estaban. 

Entre un ambiente y otro habían asientos, muebles, y similares; la mayoría de ellos con parejas besándose y tocándose hasta el alma o grupos de amigos conversando y riéndose de la vida. Música por todos lados y variadas. Barras llenas de gente pidiendo sus tragos y chicas de lo más arregladas. Hacía tiempo que no veía tantas minifaldas reunidas en un sólo lugar. Pero esta noche andaba buscando una en particular.


***
Luego de esa tarde vergonzosa, una cierta complicidad nació. Nos enviábamos mensajes de texto y quedábamos para salir con sus amigos. Era genial. Cada noche de tragos era con gente distinta. Algunos rostros se repetían pero no siempre. Siempre se sentaba a mi lado, entre cada anécdota se reía a mi lado y me cogía el antebrazo con una mano. Manos que cogían las mías para llevarme donde estaba el grupo de la noche, cada vez que llegaba a darle el alcance. 

Me gustaba la manera cómo me miraba. Cómo sonreía al verme. Pensar en ella durante el día era muy fácil. Sin embargo el tiempo me jugaba en contra: teníamos las clases cruzadas. Coincidíamos 3 veces a la semana en las clases de la noche. Ella llevaba cursos de la carrera, yo llevaba un programa de extensión. Por lo que no compartíamos horarios ni clases.

- Ya vas a terminar el programa, ¿no? - Me preguntó una noche que coincidimos, a propósito, en el patio.
- Sí, falta poco -. Le dije
- Y ¿qué planes? ¿Has pensado en trabajar para alguna agencia o harás algo por tu cuenta?, aunque yo te veo más por tu cuenta ah. Jaja! -.
- Sí, es lo más seguro. Jaja! -. Le dije. - ¿Y Tú? -
- Yo ya estoy trabajando en una agencia, aunque ganas no me faltan para hacer algo por mi cuenta. Pero aún debo pensarlo. Este fin de semana vamos a salir un grupo del 304. ¿Vienes? Será el sábado, en Miraflores -.
- Ya pues. Sí. Me avisas la hora y el lugar y te confirmo -. Le dije. - Oye, hagamos algo en algún finde. Vayamos al cine o algo -. Solté.
- Sería genial. Bueno, este fin de semana ya fue, por lo del 304. Podríamos ver el siguiente fin de semana -.

No supe de ella durante dos semanas. Le envié un par de mensajes de texto preguntándole cómo estaba. Me respondió con un mensaje de texto a los días diciéndome que andaba mal. Que no había estado yendo a clases. Le desee que se mejorara y que avisara cuando regresara. Nunca lo hizo.

En la tercera semana, cuando llegaba a clases, desde lejos la vi conversando en el patio con sus amigas. La emoción saltó. Esperé una hora razonable y bajé por un café. Y ahí estaba. Compré el vaso de café, di media vuelta y me encontré con su mirada. Me sonrió y se acercó. 

- ¿Cómo estás? -. Le pregunté.
- Bien. Ya mejor -. Me dijo sonriente. - Oye, el finde voy a celebrar mi cumple en una disco de Barranco. Anda pues -.
- Pucha. no lo sé. He quedado con unos amigos -. Le mentí. - Bueno, vamos a estar dando vueltas en Miraflores. Depende cómo esté porque es cumple de la flaca de uno de ellos y ya había quedado -. Volví a mentir.

"Hace unas semanas te dije para hacer algo, y nunca me respondiste. Vienes de la nada y ¿me pides que vaya a tu cumple? Estás loca. Han sido 2 semanas sin dejar de lado el celular. Todo por un sólo mensaje. Me has tenido cagado todos estos días. He releído tu último mensaje unas mil veces. He pasado las últimas horas de mis últimas noches intentando escribirte un "hola, qué tal" que suene desinteresado pero a la vez incisivo en texto. Así de cojudo. Me has tenido como un perro". Pensé en decirle. Y sí, también tenía la canción de Líbido en la cabeza.

Estaba de negro y se veía fantástica. No. No podía contra esa mirada que no veía hace semanas y menos contra esa sonrisa.

- Ya. Entonces ¿vas a ir? Anda pues. Ya te puse en la lista -. Me dijo sonriendo.


***

- Oe, pero antes de encontrarnos con ella y el grupo, vayamos por mi chela -. Me dijo mi amigo.
- Tamare. Espeso eres oe. Ya ya. Vamos -. Le dije. 

Compré un par. Nos dieron una botella a cada uno. Fueron las chelas más caras que había comprado en lo que iba mi vida. Enseguida nos fuimos con dirección a la zona pachanga. Que es donde me había dicho que estarían a esa hora.

En la entrada del salón estaban las amigas de ella. 

- ¡Hola! ¿cómo están? - Las saludé con cerveza en mano. En seguida les presenté a mi amigo. A quienes saludaron con entusiasmo.
- Ya la hiciste huevón -. Pensaba mientras sonreía y veía cómo se hacían amigos en el momento. Como sospeché, se hizo de la más culona en un abrir y cerrar de ojos. Debía reconocerlo, era bueno para esas cosas.
- ¿Y la cumpleañera? - pregunté en el oído a una de ellas.
- ¡Ahí está, bailando! La de blanco de en medio. Está agarrando con Rubén -. Me dijo.

La noche terminó en ese momento que levanté la mirada.

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